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sábado, 24 de abril de 2010 |
 “Dando vida, sembrando esperanza”, carta Pastoral del Arzobispo de
Sevilla, Mons. Juan José Asenjo, con motivo de la Pascua del Enfermo:
El
próximo domingo, 9 de mayo, VI domingo de Pascua, celebraremos la
Pascua del Enfermo, jornada que tiene como finalidad aproximar a los
cristianos al mundo de la enfermedad y del dolor y hacer visible la
cercanía material y espiritual de la comunidad cristiana a nuestros
hermanos enfermos.
La
atención y el servicio a los enfermos es algo que pertenece a la
entraña del Evangelio y a la mejor tradición cristiana. La Iglesia ha
mostrado siempre una particular solicitud por los enfermos siguiendo el
ejemplo de su Maestro, a quien los Evangelios presentan como el “Médico
divino” y el Buen Samaritano de la humanidad. Jesús, en efecto, al
mismo tiempo que anuncia la buena nueva del Reino de Dios, acompaña su
predicación con la curación de quienes son prisioneros de todo tipo de
enfermedades y dolencias.
Los
cristianos tenemos muchas razones para servir y acompañar a los
enfermos, que viven una etapa peculiar en su vida, tanto si permanecen
en su hogar, como si están ingresados en un centro sanitario. Nos
debemos particularmente a aquellos que son víctimas de la soledad y del
abandono de sus familias. Los enfermos son personas. La enfermedad no
les priva de la dignidad que les es propia. Para un cristiano son
además hijos de Dios y hermanos nuestros, redimidos como nosotros por
la sangre redentora de Cristo. En el rostro de todo ser humano,
especialmente si sufre o está desfigurado por la enfermedad, brilla el
rostro de Cristo, quien nos dejó dicho: “Cuanto hicisteis a unos de
estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40).
El
lema de la Pascua del Enfermo de este año es “Dando vida, sembrando
esperanza”. Esta es la misión peculiar de la Pastoral de la Salud.
Con
esta ocasión, saludo con afecto y gratitud a los profesionales
cristianos, médicos, enfermeros y demás agentes sanitarios, entre los
que se encuentran no pocos religiosos y religiosas, que con paciencia y
amor, ponen al servicio de los enfermos su competencia técnica y su
calor humano, inclinándose ante ellos como el Buen Samaritano para “dar
vida” a quienes tiene quebrantada su salud, sin tener en cuenta la
condición social, el color de su piel o sus creencias, sino sólo su
condición de persona especialmente necesitada.
Me
dirijo ahora con especial afecto al Delegado Diocesano de Pastoral de
la Salud y a quienes con él colaboran en esta pastoral preciosa. Me
dirijo también a todos aquellos cristianos que en su casa atienden a
sus familiares enfermos con infinito amor, a los miembros de los grupos
parroquiales que semanalmente visitan a los enfermos en nombre de la
comunidad parroquial, y a los voluntarios que les visitan en clínicas y
hospitales, con la conciencia de que sirven, visitan y acompañan al
Señor que se identifica con nuestros hermanos más pobres, pues nadie es
más pobre que aquel a quien le falta un bien tan preciado como es la
salud. Ellos son “sembradores de esperanza”, tan importante en
ocasiones como la asistencia que procuran los profesionales sanitarios.
En marzo de 2006, el Santo Padre Benedicto XVI os llamó “caricia de
Dios para nuestros hermanos enfermos”. Así es en realidad. En nombre de
la Iglesia, os agradezco vuestro trabajo y entusiasmo. Sed testigos del
Evangelio ante los enfermos y sus familiares. Ayudadles a considerar la
enfermedad como un acontecimiento de gracia y a acoger el sufrimiento
con amor y espíritu de fe, unidos a Cristo Redentor, “varón de
dolores”, transformando así sus padecimientos en torrente de energía
sobrenatural para sí mismos y para los demás.
No
olvido a los capellanes, que tenéis la decisiva misión de acompañar
espiritualmente a los enfermos. Es hermosa vuestra tarea y es grande el
bien que podéis hacer en el hospital. Cumplidla con esmero. Sois el
escaparate de la Iglesia en los centros sanitarios. Visitad todos los
días a los enfermos. Alentad a sus familiares. Dad testimonio de
Jesucristo en todo momento. Cuidad la capilla, que debe ser, como nos
ha dicho Benedicto XVI, “el corazón palpitante en el que Jesús se
ofrece intensamente al Padre celestial por la vida de la humanidad”.
Con el Papa os pido también que cuidéis con interés y delicadeza la
administración de la Eucaristía, que “distribuida con dignidad y con
espíritu de oración a los enfermos, es savia vital que les consuela e
infunde en su espíritu luz interior para vivir con fe y con esperanza
la enfermedad y el sufrimiento”. Mostraos disponibles siempre para
administrar el sacramento de la unción, que tanta paz da a nuestros
enfermos.
Termino ya
saludando con afecto a todos los enfermos de la Archidiócesis. Rezo por
vosotros todos los días. Pido al Señor que os alivie y sane. Ofrecedle
vuestros dolores para que Él los transforme en camino de purificación y
redención.
Para vosotros y para todos los fieles de nuestra Iglesia diocesana, mi saludo fraterno y mi bendición.
+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla
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