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La Santa Sede ha hecho público en días pasados, que el Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Sevilla, que el cardenal Amigo Vallejo presentó el pasado 23 de agosto, por lo que el arzobispo coadjutor, monseñor Juan José Asenjo, le sucede como nuevo arzobispo de Sevilla. El cardenal Amigo rigió la archidiócesis durante 27 años. El nuevo arzobispo ha confesado que recibe «un preciado tesoro» y que renueva y actualiza «las actitudes de amor a Jesucristo y a su santa Iglesia con que inicié, hace 40 años, el ministerio sacerdotal y que he procurado mantener, con la ayuda de Dios, a lo largo de mis 13 años largos de ministerio episcopal». Aparte de regir la tercera diócesis más poblada de la Iglesia en España, monseñor Asenjo deberá seguir sirviendo, por algún tiempo, a su querida diócesis de Córdoba. Reciba el arzobispo emérito nuestra gratitud, y el nuevo arzobispo de Sevilla nuestra más sincera felicitación y la seguridad de nuestra oración. MISA DE DESPEDIDA DE FRAY CARLOS AMIGO. Por otra parte, ayer viernes, Sevilla quiso ser más franciscana que nunca, acompañar a su Cardenal Amigo y arroparle en la misa de acción de gracias con la que puso punto y final a sus 27 años de pontificado al frente de la Diócesis sevillana. Los fieles, que cuarenta minutos antes del comienzo de la eucaristía ya llenaban todos los asientos del Templo Metropolitano, estallaron en una ovación cerrada cuando monseñor Amigo entró por la Puerta de la Asunción. Antes del comienzo de la misa, monseñor Asenjo se dirigió a todos los fieles y en especial a monseñor Amigo, para agradecerle sus años fructíferos de pontificado. «No es ésta propiamente una ceremonia de despedida, pues usted quedará vinculado para siempre a la historia de nuestra Diócesis por sus grandes servicios a esta comunidad diocesana, por su condición canónica de arzobispo emérito, por los lazos misteriosos de la comunión de los santos y por los vínculos invisibles pero reales de la oración en la que cada día nos encontraremos». En su homilía, monseñor Amigo hizo un repaso por la relación de santos y beatos con los que cuenta la Diócesis, para definir a la Iglesia de Sevilla como la de «tantos y buenos cristianos. Hombres y mujeres sencillos que hacen de su vida un verdadero testimonio de amor a Cristo y a sus hermanos». Igualmente, dijo que es una Iglesia, la de Sevilla, que «vive la actualidad sin nostalgia del pasado, pero recogiendo el caudal de vida y doctrina que se nos ha dejado. Sin miedo al futuro, pero con la responsable esperanza de buscar sinceramente el rostro de Cristo». Una eucaristía solemne que culminó con la procesión de regreso a la sacristía mayor. En ese tramo se vivieron los momentos más emotivos. Era casi imposible que el cortejo avanzase. Todos los fieles querían saludar y abrazar a monseñor Amigo. Ya se había advertido que, tras desvestirse, fray Carlos volvería al altar mayor para recibir el cariño de todos los que quisiesen saludarle. Antes de eso, en la sacristía mayor, fueron los propios sacerdotes y obispos quienes, rodeando al cardenal, irrumpieron en una sonora y larga ovación. Palabras del vicario general, Francisco Ortiz Gómez, y del propio cardenal. E incluso de su fiel secretario, el hermano Pablo Noguera que, visiblemente emocionado, no pudo contener las lágrimas. |